Ayer dieron un reportaje en Canal Sur que me llegó al alma, retorciéndomela, incrédula ante lo que estaba viendo; contaban cómo en los años 30, 40, 50 el que un hombre pegara a su sumisa esposa, el machismo, y la “educación” que recibían las mujeres, era lo más normal. Me puso de mala hostia escuchar como una voz iba diciendo, como si hablase en aquella época, lo que podría haber sido un artículo de prensa, algo así como que una mujer no necesita aprender a hacer ecuaciones o a resolver problemas de geometría, que lo que tenía que aprender era a guisar unas patatas de seis maneras diferentes para sentirse realizada y hacer feliz a su maridito…
Aparecían escenas de películas, canciones, cuyo contenido principal era cómo una mujer era maltratada, humillada, manipulada… Y lo malo eso, que era normal.
Hasta en los calendarios se escribían refranes y citas parecidas a algo asi: “…y si un hombre no tiene cerdo, mata a su mujer” o “a la mujer y el burro…” No recuerdo bien las frases exactas, y me hubiese gustado memorizarlas, pero… se fueron.

Y ayer me acordé de ti, hijo de puta.
Bueno, cada día me acuerdo de ti…
Tu padre era militar, uno de los gordos, y tu madre más de una vez me ha contado como os trataba a ti y tus hermanos… Pues mira, me da mucha penita… pero yo no tengo la culpa.
Yo he tenido que tragar mucho tiempo con tu dictadura, con tu autoridad desmedida, y tu abuso de ella…
Ayer comentaban en la tele los maltratos de los esposos a sus amadas mujeres… y se que es cruel decirlo, pero ellas los escogen, con la tremenda mala suerte de que hay algo que les hace quitarse la máscara que llevaban cuando las enamoraron… Pero yo no te escogí; yo nací y ya estabas ahí.
No se quién te puede hacer más daño que quien se supone que más ha de quererte… Eso si, a ella nunca la has tocado. De palabra has sido lo peor, de actitud, nefasto, pero nunca le pusiste un dedo encima. ¿Te vengabas conmigo por no poder con ella?
Ni que yo hubiera sido una quinqui que te hacía la vida imposible, o que hubiera sido mala estudiante, o que te faltase el respeto… Pero yo creo que era buena hija.
No se porqué tenías que acabar siempre tus frases con un “porque yo lo digo” o “porque esta es mi casa y se hace lo que a mi me sale de los cojones”. Y siempre amenazando con que “te voy a dar un soplamocos que se te van a quitar las tonterías” Y mis tonterías eran querer salir con mis amigos, con 18, 19 años… El último fin de año que pasé con vosotros me “obligaste” a estar en casa a las 2 de la madrugada. Y tú tan feliz al saberme jodida verdad? No sabías cómo tocarme la moral.
No recuerdo muchas veces, pero las que recuerdo dolieron mucho. Para mi, con una vez ya me estabas haciendo daño.

Y me jode que la gente te tiene por bueno. El amable, servicial, cariñoso, atento… fuera de casa. Dentro parecías ser otra persona.

Cada día me acuerdo de ti. Varias veces. Por cualquier cosa que me pongo triste vienes a mi mente, y te echo la culpa de todo, porque te odio, y odio llamar a casa para ver como andan el avi y la yaya, y el tete, y que te pongas tú, y hacer el papelazo.
Odio cuando nos vemos cada tantos meses y te deshaces en abrazos y tonterías… y a mi me repele, me das asco, me repugna tu olor, y tu aliento cuando te acercas para besarme.
Pero eso es por que yo fui gilipollas un día hace unos tres años… Me llamaste por teléfono pidiendome perdón por todo lo que había pasado años atrás, sobretodo por la última vez. Y yo te perdoné, porque me diste pena hijo de puta. Me pediste perdón porque te viste solo como un puto perro, porque mamá te estaba empezando a dar boleto. Empezaste a ir al psicólogo, pero lo que tú no sabías es que yo ya iba por dos.
Estabas fatal, arrepentido, y para beneficio tuyo tienes una hija que es imbécil. No sólo no te denuncié aquella vez, sino que encima te perdono.
Cuando yo, lo que tendría que haber hecho era no verte nunca más, cabrón, porque ese era mi deseo…
A ella la verdad es que me da un poco igual. La echo de menos, pero no es que la extrañe a ella… es que echo de menos a una madre cerca. Y él… él si que está bien le dejé el camino sin baches, y ahora la libertad que yo tuve de menos, él la tiene de más. Me gustaría hablar más con él, pero siempre que lo hago él me dice que pasa de vosotros.
Vuestra relación es penosa, pero ojalá hubiese sido así desde que yo os conozco, me hubierais ahorrado muchas peleas innecesarias para mi…

Hace unos años que no te llamo por el día del padre… y no se si te das cuenta de que no es que se me olvide… es mi manera indirecta de herirte el alma.

Esto lo escribí para ti el último 19 de marzo:

Verano del 98, mes de julio.

-¿Puedo salir esta noche?
-No
-Joe… Otra vez…

Me fui a mi habitación, no tenía más ganas de verte la cara de ogro, y teniendo dentro la rabia de no poder salir. Otra vez.
Volví a bajar a la cocina, a buscar un gelocatil. Abro el armario, saco el botiquín. Lo “suelto” en la encimera, lo abro, saco la pastilla, lo cierro de un “golpe”. Lo meto de un “empujón” en el armario de nuevo, y “cierro”.
-Menos golpes.
Te miro de reojo.
No te replico.
Abro el grifo, lleno un vaso de agua, me tomo mi pastilla, y “suelto” el vaso en el fregadero.
-¡Que menos golpes he dicho!!!
Y te levantas de tu silla. Y el primer GOLPE lo recibe mi cabeza.
-¡¿Porqué me pegas?!
-¡Pa ver si se te quitan los humos!
-¡¿Pero qué humos?! ¡Es que estoy harta de no poder salir nunca! ¡¡Siempre lo mismo!! “mientras estés en mi casa será lo que yo diga”
,¡¡¡siempre igual!!!
-¡Cállate!
Segundo golpe.
-¡No me pegues!
Tercer golpe
-¡Que no me pegues te digo!!!
Cuarto golpe, me empujas contra la mesa. Me tiras al suelo. Y me levantas. Y suma y sigue.
Me cubro la cara y la cabeza, encogida. Pero eres más fuerte que yo. Con una mano me agarras los brazos, y con la otra atizas el fuego.
Oigo mis gritos como desde fuera. Mamá no hace nada. Mi hermano llora.
Y sigue. Quinto golpe, sexto, séptimo…
Cuando consigo quitarte de encima me doy cuenta de que estoy subiendo las escaleras como alma que lleva el diablo. Gritándote.
Te odio.
Hoy me has hecho mucho daño. Más que otras veces. Por fuera y por dentro.
Y todo eso por yo dar “golpes”
Y mi madre me dice que no monte numeritos… que piense en ella… ¿Y en mi quién coño piensa?
Los numeritos los monta él. Y no es la primera vez, ni la segunda… Aunque si fue la última.
Me pongo más ropa que la camiseta larga que llevaba. Me pongo los zapatos, cojo las llaves de la moto.
Pero después de contar hasta diez, pensando en ELLA decido dejar las cosas como están. Denunciarle no me va a quitar la hinchazón de la cara, ni los moratones de los ojos, ni la sangre de los labios.
Ni el dolor en el corazón.
Mi padre.
“Feliz día del padre”

Y a TODAS las mujeres que han recibido "una caricia" más apretada de la cuenta... No tengo palabras.
Pero la que canta si las tiene.